Agosto 25, 2006

El SIDA, el Papa, los magufos y los progres, por este orden.

Hace unos días Barcepundit nos alertaba del drama en cierta medida evitable que esta padeciendo Sudáfrica con el SIDA. El presidente de ese país es, objetivamente, parte del problema. La raíz son las creencias de esa persona acerca de las causas del SIDA y la mejor manera de combatirlo.

Como nos recuerda FrancoAlemán en Barcepundit ¿han oído ustedes algo semejante a las noticias diarias y las diatribas venenosas en la prensa contra el Papa Juan Pablo III, cuando afirmaba en África que la doctrina prohibe el uso de condones y que frente al SIDA la fidelidad matrimonial es suficiente? No es que hayan leído u oído poco, no han leído nada porque nada ha habido. No interesa, esos muertos no son aprovechables políticamente. No le interesan las cosas de los negros a la izquierda paternalista y racista si no sirven contra sus enemigos políticos. Aún conociendo de qué paño está hecha la izquierda occidental, dominante en los medios de comunicación por poseerlos o por influirlos desde la misma base, causa asombro su extraordinaria doblez e hipocresía. El silencio sobre este asunto es tan abrumador como atronador fue el estruendo que montaron cuando lo del el Papa de viaje por África y los condones.

El presidente, Thabo Mbeki, tiene unas creencias "no estandar" sobre el SIDA y, con el inmenso poder que tiene un jefe de gobierno, ha empleado procedimientos "no estandar" para atajar el enorme problema que tiene su país con esa enfermedad. Por lo visto no se acaba de creer de que la causa más importante del SIDA sea el maldito virus (teorías delirantes de científicos "crepusculares" no faltan). Y estas otras causas no necesitan para atajarse de los antirretrovirales, el único tratamiento algo efectivo contra el SIDA.

Las primeras medidas que Mbeki desarrolló contra la pandemia eran un compromiso entre las que a él le parecían adecuadas y las que tozudamente proponían los de la ciencia oficial. Así, la parte principal del presupuesto iba hacia políticas de prevención e información primero, luego de tratamiento de las enfermedades oportunistas (que son las que acaban matando al paciente por la destrucción del sistema inmunitario que lleva a cabo el virus) y sólo cuando el conteo de leucocitos llegaba a una cifra absurdamente reducida, tratamiento con antirretrovirales. Seguro que a estas alturas Mbeki es el santo patrón de algunos aficionados a descubrir a las farmacéuticas conspirando para engañarnos y sacarnos los cuartos.

El planteamiento de esa campaña está radicalmente equivocado y consecuentemente ha habido una seria contestación política a todos los niveles. Ha habido petición de dimisiones; ha dimitido un ministro de sanidad; han pedido la dimisión de otra ministra de sanidad acomodaticia con el presidente; han pedido la dimisión del presidente; ha habido sonoras protestas en la calle; ha habido represión violenta de esas protestas; asociaciones de afectados han puesto en marcha iniciativas para corregir la situación; la mismísima ONU ha intervenido por el escándalo organizado y los funcionarios de la ONU encargados del seguimiento han salido a su vez escandalizados. Al final parece que el presidente magufo no ha tenido otro remedio que hacer lo que exige el sentido común y se están poniendo en marcha planes para suministrar antirretrovirales a la población infectada. El asunto, sin embargo no está ni mucho menos cerrado porque el problema es enorme (12% de la población infectada). Hay para muchos años de mucho gasto.

Como puede verse, el tema da sí todo lo que se quiera. ¿Muertos? por miles. Espectaculares disturbios; magnífica represión; fantásticas organizaciones internacionales implicadas; emotivísimas organizaciones nacionales; maravillosas decisiones de políticos poderosos agravando el problema; la queridísima salud como tema principal; terroríficas posibilidades de que un problema grave, dadas las circunstancias, podría afectarnos... Y nada de nada en los medios.

El contraste con el tratamiento de la mayoría de las noticias no puede ser mayor. Compárese con la atención que se presta a la "cochambre" del millar de muertos en la guerra del Líbano o a los cientos en Irak... o a lo que dijo Juan Pablo II en algunos países de África sobre el uso del condón. Este último caso es espectacular (¡más aún!) porque aquí ni siquiera se puede aducir que el tratamiento general de las noticias lleva a estos contrastes. No, porque el argumento de los periodistas y comentaristas con el asunto del Papa era la relevancia de la actitud de una persona influyente frente al problema del SIDA en África. Hoy hay relevancia, influencia (más que influencia con la palabra ¡poder de decisión!) y SIDA. Lo mismo... pero diferente. Todas las noticias son iguales pero algunas más iguales que otras.

Aún recuerdo las diatribas en El País donde incluso se llegó a acusar al Papa de crimen de lesa humanidad. El argumento para sostener semejante acusación no era malo, lo reconozco, pero supe después que no era otra cosa que una bribonada progre de tantas. Es decir, un argumento que es bueno bajo la estricta condición de usar unos datos minuciosamente seleccionados. Es decir, un argumento que se basa en el minucioso escamoteo de datos relevantes. La tesis era sencilla: el Papa era culpable porque desde sus creencias recomendaba evitar alguna medida eficaz de prevención del SIDA. Al Papa puede hacerle caso algún negrito distraído y sin criterio y puede incluso ponerse a follar sin condón. Puede contagiarse, por tanto. El Papa sabe todo esto. El Papa culpable. Ahora bien, la tesis sólo se sostiene si no nos fijamos en nada más. Por ejemplo, si nos "olvidamos" de que quien esté dispuesto a hacer caso al Papa en lo de los condones lo hará antes en cuanto a la fidelidad matrimonial y, recíprocramente, de que quien no le haga caso con lo de la fidelidad matrimonial le traerá muy evidentemente al pairo lo de los condones. Y por ejemplo, en los países africanos donde menor es la incidencia del SIDA se da la interesante correlación de que son los de mayor arraigo del catolicismo. Este último dato no es importante en una diatriba que se basa en moralina al 100%, al fin y al cabo puede uno ser condenado por inducción al asesinato sin que haya habido ninguna muerte, pero hay que admitir que esta información quita muchísima de la fuerza de convicción al moralista progre en su condena. Y también hay que reconocer de paso que la audacia es la marca del bribón: el tío decía que no era católico ¡y admitía que lo que dijera el Papa era exclusivamente asunto de ellos! pero él, preocupado por la humanidad doliente y obligado por su deber moral, no tenía otro remedio que meterse. No recuerdo quién era y ni me acordaré porque no voy a tener pistas que me refresquen la memoria, esta vez no va a decir ni palabra el progre tonante, no toca (por cierto, creo que el tipo ese que oficia de presidente de gobierno en Sudáfrica es de izquierdas).

Recordemos, pues, las noticias sobre las visitas del Papa a los países africanos. Recordemos la relevancia que se daba a sus referencias a los condones y el que no fueran más que breves frases de valor secundario, sólo para apoyar el tema principal, el de la familia. Informémonos luego de lo que pasa en Sudáfrica con un presidente de gobierno a la altura moral del nuestro.

Para mi la conclusión es clara, en general no hay el más mínimo criterio periodístico sobre el tratamiento de la información. Hay, como mucho, noticias que se cuelan de relleno entre la selección de información a la que obliga, unas veces lo políticamente correcto y otras la consigna política explícita. Una frase bien escogida que diga el Papa a su gente merece toda la atención de los guardianes del lenguaje pero ni tan siquiera gastan una línea con toda una política criminal de un magufo con poder (mmm, en estos momentos me asalta la duda porque los progres presumen de que en el Prava "sale todo" y suelen tener razón. De lo que no me cabe duda es de que este asunto estará enterrado entre vistosos anuncios de coches o algo así, como es costumbre a la hora de tratar noticias o irrelevantes a los fines político-empresariales o simplemente inconvenientes).

Leánlo bien, una frase produce ríos de tinta y una política, esta sí, criminal basada en la superstición ni una mancha en el papel. Busquen en Internet noticias en español sobre el SIDA en Sudáfrica, a mi me salen pocas páginas y principalmente sudamericanas (con la poco honrosa excepción de rebelion.org ¡apoyando las tesis de los magufos del SIDA!). Luego los periodistas van dando lecciones de superioridad moral cuando les conceden el certificado de izquierdista de toda la vida, otra vez la audacia del bribón supongo.

Escrito por Dodgson en: Agosto 25, 2006 4:28 PM | TrackBack