Septiembre 7, 2006

A mi qué me cuentas.

Es muy fácil argumentar desde los principios. En las discusiones que he tenido sobre cuestiones que implican la política estos son, asimismo, sencillos. Son los de la autonomía personal, la defensa de las libertades y la de la menor intervención posible del estado en sus aspectos principales del reparto de poderes. Afortunadamente son sencillos por aquello de que "hay que hacer las cosas lo más simples posible, no más simples". Otro tema es que cuesten de entender o asimilar.

Sistemáticamente y con demasiada frecuencia, las conversaciones que vengo manteniendo con amigos y conocidos sobre las leyes y las a menudo lamentables acciones del estado acaban con estas dos frases y sus obvias variantes: "no voy a discutir eso, haz lo que te dé la gana" y "se ha decidido así". Ambas acompañadas además con un encogimiento de hombros, la manera silenciosa de decir que "tienes razón seguramente, pero me mola y punto". La cosa va más allá de lo personal, naturalmente, porque son los principios lo que está en juego. Con unos ejemplos se entenderá mejor.

Me quejo ante un nacionalista catalán (de origen valenciano, por cierto) de que a los alumnos no se les impartan clases en español. La réplica es que en Valencia hay algún sitio donde no hay casi profesores que den clases en valenciano (catalán, dice él) y que en Madrid es simplemente imposible recibir clases en otro idioma diferente del español. Mi contrarréplica es que eso equivoca el punto lamentablemente, que mi queja es que atenta contra la autonomía paterna el que todos los profesores sean hablantes competentes del idioma español y la ley impida que lo usen aunque les parezca adecuado hacerlo, que no me quejo de que les hablen catalán sino de que no dejen a los profesores usar el español. Me da igual que un profesor que es más competente en catalán lo use e incluso acepto que una mayoría de profesores estén en esta circunstancia, mala suerte y a otra cosa. El caso de Madrid y de Valencia es que en uno de los sitios simplemente no hay hablantes competentes de catalán y en otra a veces no los hay de valenciano. Desde el punto de vista de un padre, la cosa es sencilla, el estado tiene unas posibilidades de servicio atractivas para él y no es que no las use, es que las impide dentro del estado y fuera de él a todos los niveles. Adiós a un trocito de libertad de elección. La respuesta es "así se ha decidido" y se acabó.

Con la ley del tabaco suele pasar algo muy parecido, en este caso salen perdiendo la autonomía del cliente y del empresario. Es más sencillo argumentar porque no está la complicación del estado providencia que "dota a la sociedad de un sistema de "bares, cafés y garitos", como el caso de la enseñanza, buscándose la gente la vida principalmente, y además es una ley reciente, de modo que se sabe bastante bien que los clientes se iban acomodando poco a poco a los empresarios y a la inversa conel tema del tabaco y los otros miles que implican a ese sector del comercio. Así que la conversación se acaba más rápidamente con el consabido "se ha decidido así".

Más complicado es discutir con el sistema de reparto (piramidal, dicen algunos con todo el acierto) que son las pensiones. La conversación es más larga porque hay que poner prevenciones sobre la posible reglamentación de las garantías de la inversión y cosas así (es algo contradictorio que se le exijan a un sistema privado cosas que el público es incapaz de garantizar, recordemos que es "de reparto"). Pero es igual: "se ha decidido así".

A mi juicio no cabe duda: la libertad no tiene demasiado predicamento y su pérdida se tiene como algo inevitable. Es inevitable porque hay un bien superior al que se enfrenta, las mismísimas e imperativas utopías progres. Las que sea, o sea las que se lleven durante la temporada política.

No merece la pena poner ejemplos de réplicas del tipo de "no voy a discutir eso" porque ¿para qué vamos a discutir eso?

Escrito por Dodgson en: Septiembre 7, 2006 5:40 PM | TrackBack