20 de Febrero 2008

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate

Definitivo, a mi juicio este artículo de Agapito Maestre.

El pensamiento político de este hombre es corto pero contundente como la tradición socialista: hay que hacer compatible el monopolio de la violencia legítima que tiene el Estado por un lado, con la violencia revolucionaria que, en un momento dado, puede ejercer un partido, o peor, un movimiento socialista, para conquistar la jefatura del Gobierno.
Ese esquema clásico de la izquierda totalitaria sigue funcionando en los órganos del PSOE y en la mentalidad de millones de sus votantes. El PSOE no sólo no ha hecho su transición democrática, sino que jamás la hará, porque desaparecería como partido, o sea, como movimiento.

Lo mismo va a dar que estén en la oposición o en el gobierno, son así.

Cabrá preguntarse de dónde viente esto que nos cuenta Maestre o en qué pensamiento, prejuicio o idea se sustenta. Hay debajo una justificación de la violencia, evidentemente. Esta justificación la hallamos en el colectivismo, la idea colectiva que lleva a la efectiva deserción moral por la vía de la delegación en el colectivo y su aspiración máxima, que no es otra que el poder. La idea de que la persona fuera del colectivo no sea nada no lleva necesariamente a la violencia, pero convertirse en oveja lo facilita mucho: que le pidan cuentas de las bofetadas al "cuerpo colectivo". O sea, que les sale gratis a los sádicos, a los desalmados y a los tontos/distraídos. Como los socialistas disimulan algo más esta verdad de fondo, si queremos claridad en la exposición del plantamiento tenemos que ir a los campeones del sadismo, de la falta de escrúpulos y de la estupidez, a los comunistas, al socialismo real. Porque no lo pueden decir más clarito en el título que le dan a su última fantasía violenta:

"Sin IU no soy nada"

En ella hay fuego, mucho fuego y al final:

Después llega una ambulancia en la que pone "Oposición de ciudad (intensivo)" y Llamazares arroja dentro a Rajoy. Se acerca a Zapatero, que está sentado en las escaleras de la casa del líder del PP y, con un embudo, le mete por la boca una gran cantidad de "izquierdina", un medicamento con la apariencia del Frenadol. Finalmente, Llamazares regresa a Gijón y tranquilamente reanuda su café.

Es una fantasía realizada con los muñecotes del Secondlife (machimias, llaman a los cortometrajes realizados con personajes virtuales) y no corremos peligro inmediato, pero vale por toda una teorización sobre cómo "no ser nada" fuera del colectivo conlleva a la mentira violenta y luego a la violencia directamente. Que Zapatero reciba de Gaspi su dosis de violencia no quiere decir en absoluto que aquel no participe de la idea de este: la única diferencia entre ambos izquierdistas es, recordemos, sólo de grado en el sadismo, en la falta de escrúpulos y en la estupidez, nada más.

Serán violentos y ya está.

Escrito por Dodgson en: 20 de Febrero 2008 a las 12:55 AM | TrackBack

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