9 de Febrero 2010
Minorías y libertad.
Cuando me enteré de la existencia de Internet me fue evidente desde el primer momento que los gustos o necesidades minoritarias, algunas de ellas más bien, iban a encontrar una satisfacción insospechada. Dentro de lo que es el medio y lo que puede transmitir, una afición especial a la lectura, al estudio, a la información, cosas de estas, iba a dejar de ser una extravagancia. En mi caso me puse en marcha, por decirlo así, al día siguiente, para hacer algo que es la esencia de lo minoritario, el doctorado. Encontrar libros sobre un tema que, digamos, no es de los que salen en el telediario, era sencillísimo y automático. Para comprarlos, para saber si merecía la pena comprarlos o para buscarlos en las bibliotecas. Para encontrar autores trabajando sobre el tema ¡para preguntarles mediante correo! Una gozada. De hecho, esto es un éxito de quien diseñó el sistema, pues fueron las universidades yanquis las que proporcionaron la primera gran extensión a partir de su creación, la de la transmisión del conocimiento y la colaboración. Claro que yo me enganché a la segunda, la comercial, pero eso no quita para que se reivindique la intención inicial o, mejor dicho, para que la intención inicial se realizara mejor al incorporarse la idea comercial al invento.
El pensamiento me ha venido con claridad leyendo este breve artículo de fondo. Lo más interesante es que en realidad también habla de minorías, mejor dicho, de que había cosas que creíamos que eran minorías y de eso nada, son hasta mayorías aplastantes en algunos casos. Porque, ya digo, nos dimos la alegría de ver que eso tan minoritario que nos gustaba o necesitábamos había dejado de serlo en la práctica debido a la pura cantidad, a estar conectado con rapidez a cualquiera que quisiera estar también conectado. Dentro de una población pequeña, por ejemplo, la afición a la colección de especies minerales es una camino de soledad, pero no en una grande. En este sentido, la metáfora de "la aldea global" es buena. Así, digo, fuimos a buscarnos la vida con otros asuntos que también creíamos minoritarios, pero, mira por donde, no lo eran en aboluto. En el campo ideológico y de la información resulta que hay muchísimas menos minorías de las que creíamos. Resulta que no todo el mundo es de izquierdas ni las instituciones agotan las, por decirlo así, necesidades sociales. Al contrario.
Mejor todavía. Las minorías de verdad vienen en auxilio de las minorías aparentes y les dan voz y opinión. "En la red hay de todo" y, por tanto, hay mucho bueno. A mi personalmente me importan poco las advertencias, me parecen absurdas, de que hay mucha información basura y mucha mentira. ¿Sí? ¿y que? ¿es en realidad así cuando "al lado" tienes la réplica y la contrarréplica y si no textos y referencias y gente que se las ha estudiado de veras? Mentira, pero de patas cortísimas. No me han de venir pastoreándome y si hay gente que quiere equivocarse empantanándose en los embustes, no será porque no sepan que existe lo que he dicho sobre la buena información. Las minorías que tienen relevancia resultan ser diferentes.
En fin, algunos hemos descubierto gracias a Internet la enorme cantidad de "opiniones minoritarias" que son en realidad opiniones ahogadas por los enormes medios materiales puestos a disposición de una sola opinión. Más aún, resulta que cierta manera de pensar "ampliamente extendida" es, después de todo, muy minoritaria, sólo pasaba que la gente no podía elegir que otra fuera la que tuviera la atención. El criterio de "relevante para la mayoría de la gente" ha cambiado y ya no encumbra siempre a los mismos.